Una tarde en que el Mayo
de competencias quiso hacer ensayo,
retratando en el suelo
las bizarrías de que se viste el cielo
sin recelar cobarde
que en semejante alarde
pudiera ser vencido,
rico, soberbio, ufano y presumido;
cuando el sol al poniente
con luz incandescente
rodaba al horizonte
— despeñado Faetonte
de su ardiente carroza —
a sepultarse en túmulos de rosa,
sale a vistas a un Prado
de flores estrellado
con tanta lozanía,
que reta y desafía
a competir con ellas
a cuantas brillan en el globo Estrellas.
Muy bueno
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